
No digo que los escritores deban dejar de escribir. Esto sería fatuo. Me pregunto si no están escribiendo demaisado, si el diluvio de letra impresa a través del cual luchamos por abrirnos paso, aturdidos, no representa por sí mismo una subversión del significado. "Una civilización de palabras es una civilización malsana." Es una civilización en la que la inflación constante de la moneda verbal ha devaluado de tal modo lo que antes fuera un acto numinoso de comunicación que lo válido y lo verdaderamente nuevo ya no pueden hacerse oír. Cada mes debe fabricar su obra maestra, de manera que las prensas empujan a la mediocridad a un esplendor espurio y transitorio. Los científicos nos dicen que es tal la invasión de publicaciones especializadas, monográficas, que pronto las bibliotecas habrán de tener que colocarse en órbita, dando vueltas en torno de la tierra y sujetas a la consulta por medios electrónicos. La proliferación de la verborrea en la investigación humanística, las trivialidades maquilladas de erudición o de revaluación crítica amenazan con obliterar la obra de arte y la exigente inmediatez del encuentro personal, base de toda crítica verdadera. También hablamos en exceso, con demasiada ligereza, volvemos público lo que es privado, convertimos en clichés de falsa certeza lo que era provisional, interino, y por consiguiente vivo en el hemisferio oscuro de la palabra. Vivimos en una cultura que es, de manera creciente, una gruta eólica del chismorreo; chismes que abarcan desde la teología hasta la política hasta una exhumación sin precedentes de las cuitas personales (la terapia psicoanalítica es la gran retórica del chismorreo). Este mundo no terminará en llanto y crujir de dientes sino en un titular de periódico, en un eslogan, en un novelón soez más ancho que los cedros del Líbano. En el chorro abundante de la producción actual, ¿cuándo se convierten las palabras en palabra? ¿Y dónde está el silencio necesario para escuchar esa metamorfosis?
Tomado de REVISTA ESTEREOGRAMA
Via Ljudevir Hlavnikov




2 comentarios:
“También hablamos en exceso, con demasiada ligereza, volvemos público lo que es privado…”
Definitivamente cierto… La nueva moda es el famoso blackberry y twitear…
¿Qué necesidad hay de informar cada 10min de lo que se está haciendo?
Hace unos años atrás cuando salió a relucir los beepers únicamente los doctores los utilizaban por la urgencia de su profesión. Luego se comercializó y personas lo utilizaron para únicamente decir que estaban en la onda tecnológica…
Yo por mi parte a veces olvido a propósito el celular para encontrar un rato a solas, un rato de paz con el mundo…
David…
y eso, sin siquiera mencionar el morbo de los diarios personales hechos públicos... la anti-cultura de los "reality", etc.
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