sábado 15 de noviembre de 2008

Carlos Iván Zúñiga Guardia (1926-2008)


Evocación del Maestro


El poeta Salvador Medina Barahona me ha dicho el día de ayer, casi anoche, sobre el fallecimiento de Carlos Iván Zúñiga Guardia y en ese momento me han asaltado como metralla, muchas imágenes.

Hoy simplemente evoco el Maestro que él fue para mí, así como para muchos jóvenes panameños - y no tan jóvenes -

Corría el mes de mayo de 1990, ya tenía 3 meses de haber llegado a la ciudad de Panamá, proveniente de Santiago de Veraguas, con 18 años de edad, nada seguro de lo que quería, todo dudas, casi ninguna respuesta, provinciano, me sentía bastante insignificante en la ciudad.

En ese contexto conocí a mi Profesor de Ciencia Política, Don Carlos Iván Zúñiga Guardia, quien de inmediato se sintonizó de manera especial con nosotros, los provincianos, mis compañeros tableños, villanos, chitreanos, ocueños, davideños, bugabeños, porteños, bocatoreños, sonaeños, atalayeros, aguadulceños, antoneros, penonomeños y de tantos pueblos.

Mi profe no tenía que decirlo, en todo su accionar exhudaba amor por la tierra, por Penonomé, Boquete, por Panamá, amor a su Patria y a la naturaleza que ella era (y es).

Nos hablaba con profusa generosidad y profundo amor de su padre, don Federico Zúñiga, el maestro rural, de su infancia de pueblo, de cuando él entró a la Universidad, de sus contemporáneos, como el profesor Jorge Fábrega Ponce, y los otros "muchachos de entonces, viejos de ahora" que venían de las provincias.

Fui descubriendo poco a poco aquellos conceptos que llevaba en la sangre, como "nación", su diferencia con "Estado", recuerdo que las lecturas de ese año fueron, entre otras Montesquieu, Voltaire, Rousseau, y cuando íbamos a rendir Examen, éste era Oral:

- Hábleme de lo que leyó. Si no se acuerda, invente. Si me gusta lo que inventa, le pongo 100.


Me dice mi compañero de clases de esos años, Manuel Ho Gómez, de La Colorada de Santiago, que un viernes no fui a su Clase por adelantar un viaje a Santiago y el profe, el Maestro preguntó:

- ¿Dónde está el japonés?


Que así me decía por mis ojos rasgados, y es que yo siempre me senté adelante, le preguntaba a más no poder. Por esa preguntadera me gané dos "F" pero con el Maestro, eso siempre era "A", paciencia eterna con nosotros, insuflándonos el Fuego Sagrado, el Amor por el Saber, la Patria, el más débil.

A esos 18 años lo vi como el ejemplo del intelectual más que del abogado, de aquel Ser Integral que se ha formado como Ser Humano por encima de las limitaciones.

Su inteligencia era tan preclara que nos advertía:

- Tengan cuidado, no vayan a convertirse en "odontólogos de muelas de 3 patas".


Eso, un exhorto a ser intelectuales integrales, sensibles, de hondo conocimiento universal. Y le tomé la palabra.

En esa insignficancia que me oprimía en la psique, le expresé mi pesar y él nos consoló, ya que ese sentimiento fue compartido por muchos compañeros:

- Tengan paciencia, no tienen idea lo rápido que pasa el tiempo.


Aparentemente paradójico consejo, ahora lo veo tan claro, 18 años después, qué rápido nos ha pasado el tiempo.

En mi adolescencia, leía mucho a Mario J. de Obaldía y a Guillermo Sánchez Borbón, de igual forma tuve conciencia del Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia, cerca de 1982, a mis 10 años. Me parecía asombrosa su unipuntualidad y verticalidad. Luego aprendí de sus luchas en Chiriquí, con los trabajadores de las bananeras, su nacionalismo inalterado por décadas, hasta su muerte, ayer.

Ni en dictadura ni en democracia cedió sus principios, un ejemplo hoy por hoy cuando vemos el afán de la satisfacción inmediata, del engaño vulgar, de la demagogia grosera.

Pasaron los semestres, el año, Ier Año Derecho, con el tiempo hasta me gradué de Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas y sí creo que con esa formación del Maestro, le he podido hacer honor a las Ciencia Política.

Cada vez que vi al Maestro en los últimos 18 años eran saludos, estrechones de manos, una sonrisa de su parte, conversaciones sobre aquellos árboles en su trayecto hacia Boquete por la Carretera Panamericana, a cada uno le tenía nombre y sabía cuando talaban alguno. De libros le hablaba y le elogiaba sus artículos sabatinos en La Prensa. Llegué a pensar que siempre lo tendríamos allí.

Su esposa, escritora, artista, Maestra también, le sobrevive. Cerca de ella lo vi por última vez en la Farmacia de la Clínica San Fernando, conversamos sobre su amado Boquete y las "nuevas costumbres" de allá, por ejemplo, jugar golf, me respondió con su usual bondad, sonrisa en rostro:

- M´hijo, usted sabe que yo no soy para eso ni eso es para mí.


Le respondí, "para mí tampoco". No era necesario. Su sonrisa fue cómplice de este reconocer mutuo de la vorágine y el peligro de

- Perder la identidad propia
- Ceder a la vida automatizada
- Ser seducido por el "faux allure" de la satisfacción automática y el dinero fácil.


Maestro, nos has dejado en el plano físico, pero debo mucho en mi formación a ti.

Quede esta humilde evocación como un Honor Menor a tu Gran Persona.

Tu alumno,

EDILBERTO GONZÁLEZ TREJOS
15 de noviembre de 2008